El agua en Madrid, antes del Canal de Isabel II

 Aunque el Río Manzanares atraviesa la ciudad de Madrid por el Oeste y de Norte a Sur, nunca ha podido abastecer de agua a la ciudad. El aprovechamiento de sus aguas siempre fue desechada debido a su escaso caudal (sobre todo en verano) y a la diferencia de cota entre al río y la ciudad (situada originariamente en la meseta de lo que hoy es el Palacio Real) de unos 70 m.

Aunque su río le ha negado el agua para beber, Madrid siempre fue una ciudad pionera en su sistema de abastecimiento de agua y desde sus orígenes en el siglo IX, supo encontrarla en el subsuelo: por medio de pozos y por los llamados Viajes de Agua.

Antiguamente, el agua potable era un bien escaso, cada madrileño tenía acceso a un consumo aproximado de 8 litros de agua al día y en ciertas épocas, de mucho menos (actualmente, cada madrileño gasta unos 130 litors de agua al día). El suministro de agua a la ciudad se realizaba a través de las aguas subterráneas que se captaban en los acuíferos del norte de la ciudad. Aprovechando la gravedad y mediante un sistema de galerías de captación formadas por pozos y minas en las que cabía una persona de pie, se traía el agua (a través de los llamados Viajes de Agua),  hasta un arca de registro situada junto a la cerca (la “muralla” que rodeaba la ciudad hasta el siglo XIX). Una vez medida, se distribuía por las fuentes y las casas particulares (de los vecinos más adinerados por supuesto) por medio de unas galerías de conducción, que, a su vez, estaban formadas por una red de minas por cuyo interior circulaba el agua, bien por el suelo o a través de unas tuberías de barro que se denominaban naranjeros (por su diámetro). Además, cada cierta distancia, había arquetas de decantación para hacer más cristalina el agua y unas "cambijas" que permitían distribuirla por distintas direcciones. Varias redes se encargaban de realizar este suministro y eran conocidas, como he comentado, con el nombre de Viajes de Agua, siendo los más importantes hacia 1750 los de la Castellana, Alcubilla y Contreras, Abroñigal Alto, Abroñigal Bajo, Amaniel, el de los Caños del Peral,  el de los Caños Viejos, el de los Caños de Leganitos,  el de la Calle del Río, el de la Fuente de la Salud y el del Prado.

 

Todas las actividades relacionadas con el agua estaban en manos de la Junta de Fuentes, que presidía el corregidor (el “Alcalde”). Su mantenimiento corría a cargo de un maestro mayor de fuentes y de los fontaneros de la Villa. Sólo ellos conocían realmente el laberinto de galerías y conducciones subterráneas de agua, hasta el punto que eran frecuentes los furtivos de agua, es decir, dueños de casas que pinchaban las tuberías para conseguir el agua gratis. A pesar de tratarse de una ciudad que en el siglo XVIII tenía casi 200000 vecinos, tan sólo 500 casas particulares y conventos tenían agua a domicilio y consumían mayor cantidad que las 7.634 casas restantes, teniendo que acudir los moradores de estas últimas a las cuatro docenas de fuentes públicas o surtirse a través de los 900 aguadores con que contaba la ciudad. Los aguadores “controlaban” las fuentes de Madrid y la vendía a sus vecinos. Los Aguadores de Madrid fue un gremio que permaneció activo en la capital entre el siglo xv y comienzos del xx.

¿Sabes de dónde procede el nombre de Madrid?

Según la hipótesis más extendida, el origen del nombre de Madrid tiene mucho que ver con el suministro de agua a la ciudad. El nombre procedería de un híbrido de la palabra mayra (Viaje de Agua en árabe) –recordar el origen musulmán de la ciudad- y el sufijo it (abundancia en latín)

Es decir, Madrid significaría: donde abundan las mayras (los Viajes de Agua): Mayrit.

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